Disculpa falsa: ¿cómo detectar si un perdón no es sincero?

Conoce la Pseudodisculpa: cuando te piden perdón… pero algo no encaja. 

Máscara Disculpa

La disculpa es fundamental para poder resolver conflictos y, sin embargo, hay ocasiones en las que, aunque nos hayan pedido perdón, sentimos que nos falta algo o peor, ¡nos acabamos sintiendo culpables nosotros!

El conflicto es un evento natural de la vida: dos partes entran en tensión, generándose algún tipo de malestar. No siempre estamos en armonía con nuestros amigos/as, compañeros/as, familia o con nuestra pareja. 

Aunque el conflicto sea desagradable, es interesante que lo miremos como una oportunidad: antes o después, voy a entrar en tensión con esa persona que me importa, pero si lo resolvemos en equipo, ¿cómo podría mejorar nuestra relación?

Sin embargo, resolver el conflicto no siempre es tarea fácil. Puede haber muchas razones por las que entramos en tensión con el otro: puedo haber hecho algo que le ha dolido, puede haber hecho algo que a mí me ha dolido… 

Comunicación Asertiva

Es importante que, cuando el otro haga algo que nos ha hecho daño, podamos comunicárselo con asertividad. No queremos atacar directamente a la persona, ni a su valía: simplemente queremos señalar que:

  1. Me siento mal (por ejemplo, triste, enfadado, decepcionado).
  2. Porque has hecho… 
  3. Por favor, no lo vuelvas a hacer. 

Usando esta fórmula general, prevenimos muchos de los riesgos a la hora de desescalar el conflicto: al hablar primero de cómo nos sentimos, hacemos que nuestra voz se escuche y evitamos que el otro se sienta directamente atacado. 

Después, nos centramos en una acción concreta por parte del otro, no en su valía como persona. En otras palabras, estamos diciendo: me importas igual, pero has hecho esto…

Uno de los principales problemas a la hora de señalar un conflicto es devaluar al otro: ‘es que eres… — es que siempre… — nunca haces…’.

No nos centremos en cómo es o deja de ser el otro, ya que lo puede percibir como un ataque. Si nos centramos en un acto concreto, es más fácil subsanar el daño.

Vale, está muy bien esto de la asertividad, pero hay veces que parece que no sirve para nada. Debo ser muy rencoroso/a, me ha pedido disculpas y es como que no me vale.

¿Eres rencoroso/a? ¿Te has asegurado de que, realmente, te hayan pedido perdón de verdad?

La pseudodisculpa o disculpa falsa es aquella que, formalmente, parece un perdón empático y sincero pero que implícitamente, no lo es (Bentley, 2014).

La persona que usa la pseudodisculpa, no se está disculpando de verdad: nos está desviando el tema, poniendo en duda nuestra salud mental (gaslighting) o incluso, acabando por hacernos sentir culpables

Existen muchas razones por las que alguien puede emitir una disculpa falsa. Esto no significa que la persona que lo haga ‘sea mala’, o nos esté intentando hacer un daño. 

Aunque es cierto que la pseudodisculpa puede estar ligada a personas con tendencia a manipular (Bushman y Baumeister, 1998), no todo el mundo que se nos disculpe falsamente tiene por qué estar haciéndolo para hacernos daño. 

Tipos de Pseudodisculpas

Aunque podamos hacernos una idea, no podemos saber con exactitud qué pasa por la cabeza del otro. Lo que sí podemos hacer es identificar cuando el otro, por la razón que sea, está usando la pseudodisculpa. 

El simple hecho de hacerlo nos permite protegernos de sentirnos invalidados. Por eso, aquí van 3 tipos de disculpa falsa que podrían estar usando contra nosotros:

Disculpa Condicional

Siento si tú… te has sentido mal / lo has vivido así / lo estás viendo de esta forma

Es un tipo de falsa disculpa que queda muy bonita, parece que la persona siente algo. Pero lo que te está diciendo es:

  • No admito que yo he hecho algo mal.
  • ‘Puede / puede que no’ te hayas sentido mal, apáñatelas como puedas. 
Inversión de la Culpa

En la inversión de culpa, se le da una vuelta más fuerte a las cosas. Nosotros señalamos A. La persona ignora A, y nos habla de B. 

Dentro de la inversión de culpa, podemos encontrarnos ejemplos muy explícitos, como el famoso: 

Lo siento, pero tú también… 

En este caso, de forma directa nos señalan otra cosa que hicimos en el pasado. El ‘lo siento pero’ no es un ‘lo siento’: nos hace perder el foco en el problema inmediato y nos desvía la atención a un problema del pasado.

Sin embargo, hay un ejemplo mucho más delicado: 

Lamento que tú pienses así.

Aquí, no sólo invisibilizan el problema. Aquí nos están diciendo: el problema no existe y, además, tu mente funciona mal. El problema no es lo que yo he hecho, el problema está en tu cabeza. En otras palabras, es una forma de gaslighting

Minimización

No era mi intención / yo no lo veía así / tampoco fue para tanto / es que eres muy sensible / ...

Dentro de la minimización hay un reconocimiento parcial del daño. Sin embargo, después de reconocerlo, lo hacen pequeñito

Si de paso, pueden proyectar el foco en una cualidad como nuestra sensibilidad, mejor: de esta forma queda claro que no sólo no lo han hecho con mala fe, si no que además, es nuestra responsabilidad ‘desenfadarnos’. 

Todos hacemos cosas que pueden hacer daño pero, de nuevo, cuando nos importa una persona es interesante que nos planteemos el conflicto como una oportunidad para reforzar nuestra relación

Imagina que quedas con tu mejor amigo/a. Lleváis semanas planificando el finde pero, un día antes, tu pareja te ofrece un plan que te interesa más. Por lo que sea (y sin ánimo de entrar en juicios éticos), decides cancelar el plan con tu amistad. 

Como es lógico, tu amistad se siente molesta y te lo trasmite. Miras dentro de tí, y notas como un nudo en el estómago: te sientes mal, tienes cierto remordimiento. Parece importante entonces que puedas pedir una disculpa.

Ingredientes de una buena disculpa

La disculpa no es reconocer que eres ‘mala persona’, o que vales menos. Es reconocer que eres humano/a y que, como tal, a veces haces daño. 

No existen fórmulas mágicas pero, tal y como sostuvo Benoit (1995), una disculpa debería tener dos elementos básicos:

  • Reconocimiento de la emoción
  • Aceptación de la responsabilidad

Cuando hemos hecho daño a alguien que nos importa, hay dos emociones en juego. Por un lado, la emoción del otro y, por otro, nuestro remordimiento. Y como siempre decimos, no hay emociones buenas ni malas, sólo agradables o desagradables: todas las emociones, nos gusten o no, sirven para darnos cuenta de que hay algo que no está bien y actuar en consecuencia.

Reconocer cómo se está sintiendo el otro, y cómo nos sentimos nosotros es uno de los primeros pasos: entiendo que te sientas enfadado, triste, molesto… El simple hecho de hacerlo, supone reconocer a esa persona que nos importa, ofrecerle un espacio para que se exprese.  

Pero si nos quedamos sólo aquí, podríamos estar cayendo en desplazar el foco: el problema no es lo que he hecho, si no cómo te sientes. Para prevenir esto, es importante asumir no la culpa, si no la responsabilidad

No somos culpables, somos responsables

La palabra culpa tiene unas connotaciones muy negativas, tampoco es cuestión de martirizarnos. En cambio, cuando hablamos de responsabilidad, estamos haciendo hincapié en la solución: sé que he hecho algo que te ha dolido. Soy responsable de mis actos, y por lo tanto, puedo hacer algo para arreglarlo.

Ese ‘algo’ pueden ser muchas cosas: no volver a hacer el daño, hacer proactivamente algo para subsanarlo… 

Si retomamos el ejemplo de nuestro mejor amigo/a, hemos reconocido cierto remordimiento en nosotros mismos. Además, reconocemos en él/ella ese enfado, tristeza o resentimiento: ‘lo siento, es lógico que te sientas así’. 

Pero no nos debemos quedar ahí, damos un paso más reconociendo nuestra responsabilidad: ‘te he cancelado el plan a última hora, no ha sido la mejor decisión, no volverá a ocurrir’.

Si ya queremos dar incluso una vuelta más, podemos aplicar medidas para subsanarlo: ‘no puedo dar marcha atrás pero, ¿qué te parece si reservamos otro día?’

Como siempre decimos, en la vida, nos podemos encontrar con situaciones mucho más complejas y de difícil solución que las que caben en un artículo. 

El conflicto es inevitable y, eventualmente, es normal que el otro nos haga algo que nos siente mal, o vamos a hacer algo que sea doloroso para el otro. 

Conocer la pseudodisculpa no nos debe servir para ‘demonizar’ a las personas, pero es útil para tres cosas básicas:

  • Identificarla en nosotros mismos para asumir nuestra responsabilidad y cuidar mejor de las personas que nos importan. 
  • Detectar cuando el otro, no se disculpa adecuadamente.
  • Actuar en consecuencia y, sobre todo, cuestionarnos lo siguiente:
¿Realmente vale la pena resolver este conflicto con esta persona?


Referencias

Benoit, W. (1995). Image repair discourse and crisis communication. Public Relations Review 23(2). 177-186. https://doi.org/10.1016/S0363-8111(97)90023-0

Bentley, J. (2014). Shifting identification: A theory of apologies and pseudo-apologies. Public Relations Review 41(1). DOI:10.1016/j.pubrev.2014.10.011

Bushman, B. J., y Baumeister, R. F. (1998). Threatened egotism, narcissism, self-esteem, and direct and displaced aggression: Does self-love or self-hate lead to violence? Journal of Personality and Social Psychology, 75(1), 219–229. https://doi.org/10.1037/0022-3514.75.1.219

Editado y publicado por: Miguel Sánchez del Arco

Te escucho

2 comentarios en “Disculpa falsa: ¿cómo detectar si un perdón no es sincero?”

  1. Que importante como sociedad entender esto, ya que no nos enseñan como disculparnos.
    Ver el conflicto como una oportunidad para ver a la persona y verse a uno mismo, validando al otro , lo que siente , lo que percibe sin tomarlo como un ataque personal.

  2. Me ha parecido muy valiosa la forma en que explicáis la pseudodisculpa y sus efectos reales en las relaciones. A veces damos por hecho que “pedir perdón” es suficiente, pero este tipo de reflexiones ayudan a entender que la responsabilidad emocional va mucho más allá de una frase hecha. Me quedo especialmente con la idea de cuestionarnos si realmente merece la pena seguir invirtiendo energía en ciertos conflictos y vínculos. Muy necesario.

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