Cuando no trabajo en equipo conmigo
¿Me contradigo? Bien, me contradigo. Albergo multitudes.
Whitman, W. (1855)
Las personas, entre otras muchas cosas, pensamos (cognición), sentimos (emoción) y hacemos cosas (conducta).
Sin embargo, somos seres complejos, nos contradecimos: a veces pienso algo y hago lo contrario, otras veces me siento mal en un sitio pero me mantengo ahí…

Puede haber muchas situaciones en las que estas piezas no trabajan en equipo:
- Puedo saber (cognición) que fumar no es bueno, pero si no fumo me siento mal (emoción) por lo que, consecuentemente, sigo fumando. Mi pensamiento y mi comportamiento se contradicen.
- Puedo estar viendo que mi equipo no es justo con un compañero/a y callarme; aunque este tipo de situaciones me haga sentir ira y sea capaz de pensar que esto no está bien.
- Puedo estar en contra de los ideales de mi empresa, o puedo sentirme mal con mi trabajo, pero me mantengo en él porque…
Cuando lo que pensamos, lo que sentimos o lo que hacemos no es congruente, entonces puede aparecer un malestar o una sensación de tensión que, desde la psicología, llamamos disonancia (Festinger, 1962).
Justificando lo… ¿injustificable?
La disonancia se puede aplicar a muchas situaciones de nuestra vida. El pensamiento, la emoción y la conducta se coordinan como pueden: no me siento bien con mi pareja (emoción), pero continúo ahí (conducta) por la razón que sea. Como lo que siento y lo que hago no son coherentes, mi pensamiento sale al rescate:
- Sigo aquí porque, es que claro, hemos vivido tantas cosas.
- Sigo aquí porque, si no estoy con esta persona, ¿con quién voy a estar?
- Sigo aquí porque…
Esto no significa que tú, lector/a, estés haciendo nada mal. Las personas somos complejas y está en nuestra naturaleza contradecirnos. Al contradecirnos aparece malestar y, cuando esto ocurre, intentamos disminuirlo siguiendo muchas estrategias: podemos justificarnos, ignorar lo que está ocurriendo…
Hay autores que defienden incluso que esto ocurre desde los 2 años de edad. Grosse et al. (2022) propusieron a un grupo de niños y niñas (N = 200) elegir un juguete a ciegas, entre dos opciones. En este caso, la conducta (elegir juguete), no depende del pensamiento: pensamiento y comportamiento no han trabajado en equipo. Cuando se les preguntó por su decisión, devaluaron el juguete que no habían elegido y explicaron por qué preferían el juguete que habían elegido, aunque lo hubieran hecho a ciegas.
Parece entonces que las personas tenemos tendencia a buscar la coherencia con nosotros mismos desde temprana edad, aún cuando nos vemos forzados a estar en situaciones incoherentes, bien sea justificándonos, o de cualquier otra forma.
Darnos cuenta de la disonancia no soluciona el problema, pero sí nos permite intentar ser fieles a nosotros/as mismos/as.
Me encuentro en una situación contradictoria, ¿qué hago?
Conviene recordar que la disonancia, no es ningún diagnóstico. Es un malestar natural, ante situaciones totalmente naturales. En otras palabras, es parte de la vida misma.
Por lo tanto, la disonancia no se trata ni se cura, se observa y se gestiona con cariño y respeto a uno/a mismo/a. Para hacerlo, es interesante:
1. Mirar

El reto no está en ser siempre coherentes y congruentes, porque es prácticamente imposible. El reto está en ser conscientes de aquellas situaciones en las que no lo estamos siendo: darnos cuenta.
La disonancia suele aparecer como un malestar difuso ante ciertas situaciones. A veces tan difuso e invisibilizado, que nos cuesta identificarlo.
Puede ser de ayuda observar nuestro cuerpo en determinados contextos: ¿por qué cada vez que quedo con esta persona, me molesta el estómago o empiezo a sudar? ¿Por qué cada vez que voy a trabajar siento tensión en los músculos y se me acelera el pulso?
No intentes ponerle nombre, no intentes etiquetarlo todavía. Simplemente, identifica si en esa situación sientes algo agradable o desagradable.
2. Transformar lo difuso, en algo concreto

Aunque pueda sonar a magia, es un paso muy simple: una vez que nos hemos dado cuenta de ese ‘malestar’ abstracto, nos toca concretarlo y una de las mejores formas de hacerlo, es ponerlo en palabras.
Puede ayudar mucho usar papel y lápiz: si dejamos nuestro malestar en nuestra mente, es fácil que lo olvidemos y resultará más complicado gestionarlo. Pero si por el contrario lo dejamos por escrito, será más sencillo ocuparnos de ello.
Podrías escribir en papel cuatro preguntas y tratar de responderlas:
- ¿En qué situación me aparece el malestar?
- ¿Cómo es ese malestar?
- ¿Qué pienso sobre esta situación?
- ¿Qué hago en esta situación?
3. Hablar, hablar y hablar

En ocasiones, las situaciones pueden ser tan complejas que nos bloquean. La dimensión social es fundamental para el ser humano, por lo que pedir a nuestras amistades, familiares o personas de apoyo que nos escuchen, puede ser de ayuda.
Desde la psicología, el proceso de detección y gestión de la disonancia cognitiva es una parte fundamental para fomentar el bienestar de la persona con la que trabajamos.
Tal y como se ha planteado en varias ocasiones, el psicólogo/a no te debería dar sus opiniones personales sobre tus cuestiones personales. Sin embargo, te puede ayudar a darte cuenta de esas situaciones en las que lo que piensas, sientes y haces no van en la misma línea para que puedas tomar (o no) decisiones de forma libre, como por ejemplo:
No quedarnos donde nuestro cuerpo nos dice que ahí no es.
No hacer esas cosas que no encajan con nuestros ideales.
¿Y tú? ¿Te has visto identificado/a con la disonancia? ¿Alguna vez te has sorprendido a ti mismo/a en situaciones en las que no podías ser tan coherente como te gustaría? Te leo en los comentarios.
Editado y publicado por: Miguel Sánchez del Arco
¿Necesitas hablar?
¿Quieres saber más?
Referencias
Whitman, W. (1855). Canción a mí mismo. En Hojas de hierba. Austral.
Festinger, L. (1962). Cognitive dissonance. Scientific American, 207, 93-102.
Grosse, C., Kampis, D., Poulsen, E., Schüler, C., Lukowski, H., y Southgate, V. (2022). Cognitive dissonance from 2 years of age: Toddlers’ but not infants’, blind choice induce preferences. Cognition, 223, 105039. https://doi.org/10.1016/j.cognition.2022.105039