Cuando es mejor no amar

Sobre las tendencias de apego
·El vínculo temprano con nuestros cuidadores principales puede influir en nuestra forma de vincularnos de forma adulta (Bowlby, 1998). La tendencia o estilo de apego se refiere a ese patrón relativamente estable que se establece desde las primeras etapas vitales, y que determina la probabilidad de relacionarnos de una forma u otra.
Vamos, que dependiendo de mis vínculos pasados, mi forma de vivir las relaciones podría ser diferente.
Son varias las clasificaciones que podemos hacer a la tendencia de apego. Globalmente, tenemos el estilo seguro e inseguro y, dentro de este último, hay tres tipos. Sin embargo, para facilitar las cosas, nos centraremos en que existen cuatro tipos de apego (Ainsworth et al., 1978; Main y Solomon, 1986):
- Seguro
- Evitativo
- Ansioso
- Desorganizado
Ahora bien, si a mí, de pequeño, me ha pasado X o Y, ¿esto significa que voy a tener un estilo inseguro toda mi vida?
La práctica sugiere que el estilo de apego no es tan rígido como pensamos (Lecannelier et al. 2011). Por otro lado, no debemos olvidar que:
En psicología todo depende de todo. Pero al final, no todo depende de todo del todo.
Saber es poder, y si conocemos más acerca de cómo puede desarrollarse un estilo de apego inseguro, podemos prevenirlo o reconciliarnos con él.
Por eso, hoy hablaremos del apego evitativo, y sobre tres cosas que no hay que hacer si queremos prevenirlo.
Evitando la evitación: ¿qué NO tenemos que hacer?
1. Negar las necesidades del bebé
Hijo, con lo bueno/a que tú eres y lo mal que te estás portando.
El llanto del neonato no está motivado por una intención deliberada: es comunicación por supervivencia.
El bebé está preparado para pedir ayuda ante cualquier incomodidad: hambre, sueño, necesidades de afecto. Sin embargo, la paternidad/maternidad puede ser tan complicada que a veces, esto se nos olvida.
Pero el llanto es algo más. Es una de las formas por las que el bebé establece de forma temprana sus vínculos de apego: me comunico a través del llanto y aprendo que, si expreso mis emociones y mi incomodidad, el otro significativo va a estar ahí para apoyarme.
Cuando de bebés hemos pedido ayuda y nos han dejado llorar hasta que nos cansemos, aprendemos una cosa: no sirve de nada expresar nuestros afectos. Esta es una de las primeras semillas para el apego evitativo, a las que llamamos inhibición.
2. Ignorar las cualidades y emociones del niño
En la niñez, la inhibición se transforma en evitación. Nuestro autoconcepto ya no depende de los padres, si no que se construye por interacción con los amigos/as, profesores/as…
El niño/a, que ha aprendido que no merece la pena expresar sus afectos, va a focalizarse en otras tareas y logros. Tal y como explica Dantagnan (2005), el niño/a se centrará en el camino escolar para protegerse de las relaciones en las que ha aprendido, que no vale la pena sostenerse.
Pareciera como si estos niños están en un permanente conflicto entre un deseo de conectarse emocionalmente y, a la vez, de ser exageradamente autónomos.
Empieza entonces un círculo del que es difícil de escapar. Evito el afecto, pero me centro en hacer las cosas bien, para obtener un refuerzo a cambio de ese afecto primario que no he recibido.
Si ese refuerzo no llega, la tendencia evitativa se puede consolidar aún más.
3. Asumir que el adolescente puede con todo
La adolescencia es una época tormentosa emocionalmente. A su vez, un adolescente no tiene todas las herramientas necesarias para comunicar cómo se siente. ¿Acaso los adultos sí podemos?
Imaginemos si además, la persona ha aprendido en etapas previas que no merece la pena comunicarse ni pedir ayuda.
Un adolescente que ha desarrollado un estilo evitativo puede mostrarse como alguien autónomo o altamente centrado en sus objetivos. Y está genial, es maravilloso ser capaz de hacer las cosas por uno mismo/a.
Pero no debemos olvidar que las personas, a veces necesitamos apoyo del otro significativo; del mismo modo que ese adolescente independiente podría estar necesitando nuestra escucha.
Este estilo de apego me resuena, ¿qué hago?
Es importante que reflexionemos sobre cómo es nuestra forma de establecer vínculo: ¿mis relaciones son saludables? ¿Me comunico de forma asertiva con los demás? ¿Cuando alguien es importante para mí, me siento en paz?
Si hay algo en nuestros vínculos que nos preocupa o nos limita, es importante recordar que existen profesionales cualificados para acompañarnos y buscar soluciones y sobre todo, es importante que recordemos que un vínculo sano, nos puede ayudar sanar.
¿Te interesa aprender más acerca de otros estilos de apego?
¡Próximamente viene una nueva publicación!
Referencias
Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., y Wall, S. (1978). Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation. Lawrence Erlbaum.
Dantagnan, M. (2005). Los trastornos del apego: elementos diagnósticos y terapéuticos. En J. Barudy y M. Dantagnan (Eds.), Los buenos tratos a la infancia, parentalidad, apego y resiliencia (pp. 165-211). Gedisa.
Bowlby, J. (1988). Una base segura. Aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Paidós.
Lecannelier, F., Ascanio, L., Flores, F., y Hoffmann, M. (2011). Apego & Psicopatología: Una Revisión Actualizada Sobre los Modelos Etiológicos Parentales del Apego Desorganizado. Terapia psicológica, 29(1), 107-116.
Main, M., y Solomon, J. (1986). Discovery of an insecure-disorganized/disoriented attachment pattern. En T. B. Brazelton y M. W. Yogman (Eds.), Affective development in infancy (pp. 95–124). Ablex Publishing.
Que interesante! Estupendo que haya está información en la que se resalte la importancia de asentar unas buenas bases de apego.
¡Gracias por tus palabras!